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Siempre dispuestas a servir

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Por: M. Cecilia Celso

 

Desde el inicio de la iglesia primitiva hasta hoy, podemos ver a las mujeres sirviendo en la obra misionera de Dios, en diferentes áreas dentro de cada iglesia local.

Pero cuando el servicio del culto finaliza, las luces del salón de reunión se apagan y retornamos hacia nuestros hogares, ¿cómo sigue nuestro día? O, ¿Qué hacemos la mayor parte del día? ¿Nuestro corazón sigue latente y predispuesto al servicio? La verdad, es que la mayoría de los cristianos siguen sus vidas “normales” hasta el día de un nuevo culto. 

Como verdaderas creyentes, debemos abocarnos al servicio, no solo de la iglesia donde nos congregamos; sino fuera de ella. Siempre debemos ser diligentes hacia los deberes cristianos. 


Ayudar al necesitado, recibirlo con amor, ser hospitalarias, estar  siempre predispuestas a ayudar al prójimo, bendecirlo y animarlo, mostrar a Cristo por medio de las buenas obras, que son la evidencia al hacer tales cosas. 

Jesús, vino a representarnos como hombre Y a dejar como modelo el servicio. 

Veamos que nos enseña S. Juan 13:1-20

Jesús lava los pies de sus discípulos


13 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. 20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

Notese que el texto comienza diciendo “que como su hora había llegado, para que pasase de este mundo al Padre y como había amado a los suyos, que estaban en el mundo, “Los amó hasta el fin”.

Tal fue así, que Él prosigue y se levanta de la cena, se quita su manto, se ciñe la toalla y comienza a lavarle los pies a sus discípulos. En otras palabras, el Dios y Rey de toda la creación, se arrodilla, es decir se humilla y les sirve. Aun así sabiendo que lo iban a traicionar y a entregar. 

Él está a horas de ser crucificado y aparta de su tiempo, para estar con ellos de una manera muy íntima.


En el versículo 15 dice “que él ha dejado esta enseñanza como ejemplo, para que vayan y la hagan con los demás” .


Y en el versículo 17 en otras palabras “esta será la manera de representarme a mí y serán afortunados, cada vez que lo practiquen”.

El modelo de Cristo es todo lo que necesitamos. Sigue sirviendo y representándolo. 
 

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